02/07/2007 Por José Fco. de Lamo
El lunes 18 de junio hizo dos años de la manifestación de la infamia, la que confocó el Fórum de la Familia con el patrocicinio de la Conferencia Episcopal y el Partido Popular para pedir la perpetuación de la discriminación hacia lesbianas y gays, oponiéndose a la igualdad legal que suponía la aprobación, unos días después, del derecho al matrimonio por parte de las parejas de lesbianas y gays. En el tiempo que ha pasado desde esa fecha, hemos demostrado que esta ley era mucho más que necesaria, era una deuda que la democracia tenía pendiente. Como también lo fue la aprobación de ley de identidad de género, un gran paso por el reconocimiento legal de la identidad de las mujeres y los hombres transexuales. Pero estos avances legales no pueden ser un impedimento que produzca un estancamiento en la igualdad social, esa que ha de alcanzar todos los ámbitos de nuestra vida: el familiar, el laboral, las amistades, los vecinos, la educación...
Y es precisamente en este último ámbito, la educación, donde tenemos que hacer mayor esfuerzo. Precisamente, los mismos de aquella manifestación de la infamia han vuelto a manifestarse contra la puesta en marcha de la asignatura "Educación para la ciudadanía". Incluso amenazan con objetar sobre la misma, como ya intentaron hacer en el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo. Hay que recordar, no obstante, que una de las grandes estrellas de esta tragedia, la jueza de Denia Laura Alabau, ha sido expedientada por el Consejo General del Poder Judicial, tanto por su negativa a cumplir la ley como por denunciar una persecución inexistente.
Ante los intentos de un sector de la sociedad de echar atrás este proyecto, que supone un avance fundamental en la impliación del sistema educativo en la creación de espíritu crítico y ciudadano a la vez que respetuoso con la diversidad sexual, racial, nacional o religiosa, las personas que luchamos para hacer de nuestra sociedad un espacio cada día más libre tenemos que hacernos oir. Nuestro objetivo de acabar con la discriminación hacia lesbianas, gays, transeuxales y bisexuales ha de pasar inexorablemente por intervenir de manera clara y visible en la enseñanza y qué mejor manera de hacerlo que por ley.
¿Cuáles son las razones por las cuales en la escuela y en el instituto se habla de la paz, del medio ambiente, de la interculturalidad, de la igualdad de género pero no de diversidad sexual?¿Cuáles son las razones por las cuales lesbianas, gays, transexuales y bisexuales tenemos que ser invisibles en las aulas? ¿Por qué se esconden las razones de muchos casos de acoso cuando vienen motivados por orientación sexual o identidad de género? ¿Por qué lesbianas, gays, transexuales y bisexuales niños y adolescentes tenemos que continuar sufriendo el silencio cuando no el insulto? ¿Por qué lesbianas, gays, transexuales y bisexuales tenemos que escondernos como padres y madres y meter a nuestros hijos e hijas en el armario? ¿Por qué el profesorado lésbico, gay, transexual y bisexual no puede ser un referente para mostrar la diversidad sexual en su centro?
Responder con claridad y valentía a todas estas cuestiones y darles respuesta es una labor que tenemos pendiente y que queremos poner encima de la mesa. La excusa del debate sobre la asignatura de Educación para la ciudadanía ha de sevirnos para dejar de mirar hacia otro lado y ubicar entre nuestras prioridades la reivindicación de un sistema educación que recoja de forma abierta y sin complejos la realidad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Los datos que conocíamos de informes realizados sobre la situación de las minorías sexuales en este ámbito no son nada optimistas. La escuela y el instituto no son lugares seguros para lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Nos sentimos continuamente agredidos y seguimos teniendo miedo de hablar porqué nadie habla de nosotros si no es para insultarnos. Conquistar las aulas, estar presentes en el discurso que en ellas se construye, abrirlas al conocimiento de las sexualidades, de todas, es fundamental.
La Consejería de Educación parece que ha decidido todo lo contrario, mantenernos en la inexistencia, como lo demuestra en el borrador de contenidos de la asignatura Educación para la ciudadanía, donde borra nuestra presencia respecto de la propuesta, ja muy corta, del Ministerio. Delante de este nuevo intento de contribuir a la perpetuación de la homofobia y la transfobia animamos a todos a luchar por una educación pública, laica y de calidad, una educación que visibilice la diversidad sexual. Es por eso que este año el Orgullo lésbico, gay, transexual y bisexual en el País Valenciano ha tenido como eje central esta reivindicación: después de la igualdad legal, ahora, la igualdad en la educación.